La niebla que me devoró

Recorría el camino al igual que todos los días, nada nuevo en el horizonte que se extendía hacia el infinito, quizá, una extensa niebla empezaba a formarse cerca de las montañas del este, las grandes cimas desaparecían acortando su figura ominosa, y como si de un rebaño se tratara, la niebla bajó por la ladera.

Empezó a recubrir cada rincón del sendero: parques, árboles, bancos, incluso el sol… en un instante todo se truncó. La nitidez que se apreciaba desapareció para dar paso a la nada, una densa nada que se apoderaba del mundo, una densa nada que borraba las huellas del camino y, hacia que el norte se perdiera entre un silencio blanco roto. Un silencio como ningún otro, paz en un mundo de ciegos.

Autor Fernando Montes
Un lugar perdido por Fernando Montes

El sendero que solía tomar al mediodía todos los martes discurría lejano a la ciudad, daba un rodeo y atravesaba parte las tierras del tridente, para retornar rápidamente hacia su sino y encauzarse hacia la ciudad. Esta vez no reconocí el camino ante mí, este daba vueltas en circulo una y otra vez, era un carrusel que no llevaba a ningún lugar… o eso pensaba.

Más pronto que tarde un pequeño claro apareció, en él la bruma parecía dispersarse hacia los lados, y si te detenías a mirar fijamente, daba la impresión de que aquella espesa sustancia tuviera vida propia y, sin parecerlo, estuviera intentando escapar. ¿Hacia dónde? Entre el claro se abrió una nueva y serpenteante travesía, una basta playa apareció de improvisto, en ella la niebla se suicidaba contra las pequeñas olas que regaban la frontera entre tierra y mar. En pocos pasos el frío atravesó mi pecho como mil flechas, la arena húmeda y blanda suplicaba por atraparme los zapatos, y como dejándome llevar por un antiguo cántico de sirena me los quité, los dejé allí dónde jamás volvería a encontrarlos, tan perdidos como mi propia existencia, en el lugar que me hizo desaparecer.

Autor: Fernando Montes
Fishing between the mist – Autor: Fernando Montes

Las olas iban y venían, la orilla suspiraba tranquila en una eterna bajamar, a lo lejos una figura se alzaba contra el viento, perecía uno de esos pescadores de los que ya no existían desde la tierra se pudrió, pero estaba ahí, con su caña oteando la ingente masa de agua. Poco a poco empecé a dejar huellas que se acercaban cada vez más al pescador, poco a poco mi alma rezaba una plegaria por escuchar una voz que no fuera la mía, poco a poco esa esperanza se derrumbó. A medida que mis pies livianos empezaron a tomar velocidad en pos de acercarme, la figura se deformaba y desvanecía hasta parecer un truco inventado por el mejor de los magos.

No sé en que momento terminé de perderme del todo, quizá fue el momento en el cual agarré de la mano a mis temores y crucé con ellos la intocable niebla, quizá fuera cuando dejé de preocuparme por saber dónde me encontraba, cuando dejé de pensar en cómo había llegado al punto de no reconocerme, quizá fuera cuando mi voz no pudo pronunciar palabras y mis ojos se cerraron, quizá fuera cuando vi por fin la niebla, la niebla que me devoró.

Autor: Fernando Montes
End of the World – Fernando Montes

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Instagram: f.concord

Flickr: Fernando Montes Vázquez

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