Nacimiento de un profeta

La habitación de piedra era oscura, sin luz, aunque con una extraña aura rojiza en sus paredes. La temperatura sofocante, aire enrarecido, y claramente el pobre prisionero llevaba allí demasiado tiempo. Él estaba en terribles condiciones. Sus ropajes otrora blancos estaban desgarrados por doquier y manchados de sudor, sangre, y otras manchas cuyo origen provenía de las torturas a las que había sido sometido. Extrañamente su piel no estaba marcada con cicatrices; su cabello dorado parecía recién lavado, contraposición completa al resto de la habitación. Pero tal era su naturaleza celestial, como las prístinas alas emplumadas y el brillante halo sobre su cabeza atestiguaban.

>>¿Cómo te encuentras hoy Azerafäel? Espero que las agujas hirviendo de ayer hayan sido de tu agrado.

Dijo una figura tras abrir la puerta al calabozo, la cual no parecía haber existido hasta ese momento. El llamado ángel solo escupió a sus pies, sin levantar cabeza.

>>Hombre no seas así, ni que no nos conociéramos desde hace años. Además, aún tienes suficiente poder para regenerarte… aunque espero que no por mucho tiempo.

El demonio que acababa de entrar venia bien vestido, con un traje negro y camisa de un rojo pálido. Sus cuernos de carnero estaban decorados con aros dorados al igual que sus puntiagudas orejas. Su sonrisa era… demoníaca, y parecía estar divirtiéndose con el estado del ángel.

>>Comprendo que igual he sido un poco frío contigo. Eso de no visitarte desde que te metí aquí esta muy mal, pero tenia mis razones. He estado… persiguiendo un proyecto propio. Pero ahora estoy aquí, cara a cara, y sabes, tengo muchas cosas que he querido decirte.

Se sentó, en un sillón de cuero igualmente aparecido de la nada.

>>Me sentí traicionado cuando abandonaste el campo de batalla. Milenios combatiendo juntos, uno contra el otro, mente contra mente, y de repente desapareciste sin explicación. Por un tiempo me sentí vacío. Enfrentarme contigo era lo único que atraía mi atención a la guerra. Un digno oponente, un rival. Pero ya veo que no pensabas igual. Dejé la batalla y empecé a coleccionar contratos, almas, y a torturarlos. Es un entretenimiento maravilloso, pero aun sentía que faltaba algo. Nunca he llegado a derrotarte, me dije, y salí en tu busca. ¡y que me encuentro! Al poderoso ángel jugando a las casitas. Enamorado de una humana ya muerta, protegiendo a sus descendientes cual ángel guardián. ¡patético! Y no, no me refiero a lo de tener hijos con mortales, puedo asegurarte de que algún semihumano con mi sangre roma por el plano material. ¡pero abandonarlo todo para proteger a una familia! Si que has caído bajo, Azerafäel. El hecho de que fuera capaz de encarcelarte con tanta facilidad es prueba irrefutable de que te has vuelto débil. Es por eso por lo que estas aquí, por lo que deje a los míos torturarte. Quiero romperte. Física y mentalmente. Quiero que sufras mientras tu gente avanza en la rueda del destino sin tu protección. Quiero que comprendas lo efímeras que son sus vidas, lo poco importantes e innecesarias para gente como nosotros. Así volverás a mí, al combate, al duelo… o al menos cultivare tu ira para que te enfrentes a mi si esto no te convence… a todo esto, que poco parlanchín estas hoy. Normalmente me abrías interrumpido ya un par de veces con insultos y amenazas… lo de cortar la lengua cuando quieres un discurso sin distracciones es ciertamente una buena idea. Lo tendré en cuenta… ¿por dónde iba? Ah, sí, mi proyecto personal. Espero que no te moleste que haya mantenido un ojo en tu familia.

El ángel se debatió, tirando de sus cadenas, las cuales se calentaron al rojo vivo, quemando su piel, hasta que se tranquilizó.

>>¡Por fin una reacción! Ahora veamos que están haciendo los tuyos.

Con el movimiento de una mano una pantalla iluminada apareció en la nada, mostrando un paisaje de vellos prados y cultivos. Una casa de campo, una granja, con animales dando vueltas en los corrales y una feliz familia cuidando de ellos. Varios tenían un cabello dorado prístino que incluso refulgía ligeramente en la oscuridad. Los ojos del ángel se llenaron de lagrimas de alegría… pero su captor no buscaba ese tipo de lágrimas.

>>Oh, mira que contento se te ve… me gustaría recordarte que el tiempo pasa distinto dentro de una celda, y que puedo mostrarte imágenes del pasado.

Movió la mano y la imagen cambio. No mucho con la granja, pero la ropa de la familia paso al negro del luto. Y con cada movimiento una nueva imagen y un nuevo comentario que destrozaba el alma del celestial encdenado.

>>Berren murió por una enfermedad, algo normal en mortales. El pequeño William salió a explorar en plena noche y le pillaron los lobos. Elene se enamoró de un tunante que la dejó embarazada y sin dinero. Oh, pero no te entristezcas demasiado, su pequeño vive, huérfano y sin nadie quien le proteja pues es el último de tu sangre. Las historias de tu existencia, de tu protección han muerto con ellos, trágicas muertes que se llevaron la creencia de que protegías a la familia. Y ahora John nunca ha oído hablar de ti. Un joven en un orfanato donde todos se ríen de su extraño cabello dorado.

Con un movimiento enseño una imagen de John, esta vez en el presente, observando el horizonte sobre el mar desde lo alto de un acantilado. Azerafäel estaba desolado, pero el demonio reía, listo para dar el ultimo golpe a su rival.

>>Ha crecido bastante bien, ¿no crees? ¿sabes esa idea de que aquellos con sangre celestial pueden desarrollar una conexión con su ancestro divino? Pues este joven la tiene contigo. No la has notado porque me he preocupado de suprimir la conexión, pero algo le llega. ¿ves la falta de brillo, de esperanza, en su mirada? Eso es lo que ocurre cuando escuchas los gritos de agonía de un ángel siendo torturado todos los días de tu vida. ¿Cómo le habrán tratado los que le rodean? Oh, el niño que escucha gritos, pobrecito… y creo que sabes lo que viene ahora.

John se acercó, poso a paso al precipicio, decidido a tomar la última decisión de su vida. <<¡NO!>> -grito el ángel a la nada, lengua medio regenerada, tratando de alcanzar a quien aun mostraba los rasgos de la mujer a quien había amado.

>>No lo intentes, estáis completamente separados ahora.

John saltó. Si dudarlo. Sin temor. Su cuerpo cayó, listo para hacerse trizas contra las rocas del fondo, arrastrado por las olas, y perdido en el fondo del mar. Los gritos de Azerafäel aumentaron, reuniendo todo el poder que le quedaba, iluminando la habitación con luz divina durante unos momentos. Luego cayo desplomado al suelo, agotado por completo, mientras el demonio reía a pierna suelta a su lado.

>>Te duermes en el mejor momento, amigo mío. ¡mira! Tu poder ha movido las aguas y le ha arrastrado a la orilla, vivo. Mira como se levanta, aturdido, con una nueva luz de vida en sus ojos. Mira como el pobre loco toma los hechos y saca la conclusión incorrecta. ¡ahora eres completamente mío, Azerafäel! Con toda tu energía agotada, ya no podrás resistirte a mis ataques. ¡y para que! Para salvar a un pobre mortal que morirá indiferentemente antes de un siglo. Un mortal que ahora cree ser el elegido de un ser divino, pues he dejado que viera tu rostro cuando le salvaste. ¡el mesías del auténtico único dios! Ya veras las risas cuando empiece a dar vueltas por el mundo. Oh, si, las veras, te haré verlas, y yo estaré a tu lado para disfrutar del espectáculo.

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