La vida del familiar I

Sé quién soy. Sé lo que soy y todas las uniones que me atan a este mundo. Por esto resulta extraño tener la total certeza de que estoy viviendo los primeros instantes de mi vida. Soy un familiar, de eso estoy seguro. Un ente arcano con forma animal creado como compañero y sirviente de un mago. Aunque aun no conozco mi forma, sé que soy más inteligente que los seres a quienes me asemejo. Sé que tengo poderes menores; sé que técnicamente no puedo morir; sé esto y mucho más, y por eso abrir los ojos por primera vez resulta tan extraño.

Lo primero que veo no me ayuda a sobreponerme a esta sensación. Me encuentro en una habitación sencilla pero bien decorada, una habitación infantil de alguna familia adinerada, y frente a mi el dueño. Un niño, de mofletes pecosos y cara redonda enmarcada por un cabello castaño rizado sin control alguno. Sus ojos azul oscuro brillan como el sol visto desde las profundidades del océano, y una sonrisa a la que algún diente falta la acompaña. Me mira con emoción, como si esperase algo de mi o no se creyese que yo existiera.

Miro alrededor en busca de mi amo, pero no hay nadie ahí. No puede ser un error; el circulo mágico y el incienso están correctamente posicionados a mi alrededor, y aun siento los residuos mágicos en el aire tras la finalización del hechizo. Y sin embargo aquí estamos solos, él y yo… no puede ser ¿verdad? Este conocimiento mío que parece existir fuera de mi propia vida me dice que aquel crio es demasiado joven para invocarme, y sin embargo aquí estoy.

Antes de que pueda reponerme de la sorpresa, el niño me agarra por las patas y me acerca a un espejo de cuerpo entero que hay en la habitación, queriendo verse a sí mismo con el logro conseguido. Y ahí estoy yo, en sus brazos, un joven gato blanco con rayas negras cual tigre albino y con el símbolo de la escuela de conjuración en la frente. Dado que él decidió mi aspecto no puedo más que maullar una reprimenda. Su expresión cambia ligeramente al llegarle mis sentimientos a través de nuestro vinculo, pero nada es capaz de penetrar por completo la felicidad que le envolvía.

De todas maneras, algo me decía que pronto descubriría por que había decidido darme un aspecto que grita a los cuatro vientos “hola, soy un familiar”.

Tras unas cuantas vueltas y ligeras risas, mi nuevo maestro sale corriendo de la habitación, conmigo en brazos, atravesando los pasillos de piedra de lo que ahora tengo claro es una casa señorial de algún noble pequeño. Me lleva apresurado a un salón de grandilocuentes decoraciones donde los amos de la casa están disfrutando un aromático té.

  • ¡Mamá, papá, mirad! -grita mientras me alza en volandas como un trofeo. Esperando una reacción que nunca llega, al menos no la que él esperaba.
  • Pero que le has hecho a ese pobre gato. -la preocupación de la madre se agradece, pidiendo al servicio que me laven la pintura negra de mi lomo, pero mi amo se lo impide. Al fin y al cabo, no es pintura.
  • No te habíamos dicho que no te permitíamos tener una mascota. -dijo el padre con severidad, pero no afecto a la confianza de mi amo.
  • Dijisteis que no os gusta lo desobedientes que pueden ser. Que solo aceptaríais a uno si fuese un familiar como el del maestro Cohen.
  • Exactamente. ¿Acaso no te dijo Cohen que eres demasiado joven para esa magia? No podrás engañarnos con un poco de pintura.
  • ¡no es pintura!

Con su grito noté un tirón en mi pellejo, un tirón que no tenía forma física y que me arrastraba hacia aquel lugar que no recuerdo donde me encontraba antes de tomar forma física. Sé lo que este tirón significa y me dejo llevar. En un simple parpadeo he desaparecido de las manos de mi maestro y aparecido sobre su hombro para el asombro de todos los presentes. Mi amo alza su cabeza con orgullo, esperando alabanzas, pero solo consigue simples titubeos.

Oh, sus padres están nerviosos, sin saber que hacer. Ya bastante fue para ellos contratar al viejo mago para enseñar a su hijo, ellos que consideraban más importante para la enseñanza de su hijo el negocio familiar. Pero el pequeño había insistido, no se lo habían negado, y ahora les demostraba que su capacidad y determinación por aprender iba más allá que un simple antojo juvenil.

Tras su aprobación mi maestro me llevó corriendo a dar un tour por mi nuevo hogar, mientras, a su espalda, veía a sus padres ordenar a una criada que fuera a buscar al maestro Cohen, incapaces de digerir por completo mi existencia, ignorantes de como actuar. Después me giré para mirar a mi amo, su rostro entusiasmado, brillante cual estrella; no me importaría vivir toda mi vida al lado de una criatura como aquella. Definitivamente será una aventura entretenida.

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