La Vida del familiar III

Volví a abrir los ojos y la escena frente a mi era similar a aquella primera vez, pero como todo con el paso del tiempo, incluso aquel bello recuerdo parecía transformado. La figura ante mi no era un joven infante con la sonrisa de la ilusión y la victoria, sino un joven adulto mal acicalado dado lo severo del viaje. La sonrisa seguía ahí, pero era mas de alivio que de gozo, y sus ojos se veían enrojecidos por un llanto que había conseguido aguantar de mala manera.

Tras de él nuestros compañeros de viaje ignoraban este enternecedor encuentro, festejando sobre los botines de una jornada de exploración dentro de una vieja tumba. Oh los secretos que habían descubierto en sus profundidades tras haber sido enviados allí por un noble en busca de una robada reliquia familiar. Buen numero de esqueletos en los armarios de esa estirpe, pero es indiferente para la historia.

Estaba claro que mi maestro no estaba para festejos. Personalmente, siento pena por él. Incluso tras el paso de los años, las experiencias, los conocimientos adquiridos, y el hecho de que esta no era la primera vez que me pasaba, cada vez que yo “moría” él se derrumbaba, como si temporalmente su corazón bloquease la parte de su memoria que le decía que yo soy un familiar, y un simple ritual me traería de vuelta. Pero siempre era igual. Siempre intentaba hacerse el fuerte aguantando el llanto. Siempre me decía que no volvería a ocurrir… y siempre acababa siendo convencido por el resto del grupo.

La primera vez fue la mas dura. La líder del grupo, una guerrera elfa llamada Shiva, fue quien puso en el aire la idea de usarme para investigar si había trampas. En su mirada podía ver que para ella yo solo era un conejillo de indias. Me quejé. Mi maestro se quejó. Pero al final le dimos la razón, era la mejor y mas segura propuesta. Y siempre acaba igual. Cierto, no llegan a usarme en toda posible situación, pues saben que de tanto no pueden convencer a mi maestro; pero cuando la situación lo precisa, mi maestro no es capaz de tenerse en pie frente a todo el grupo y el ciclo se repite.

Yo veo que con cada ciclo el estrés se acumula. Ya ha tenido varios errores con sus conjuros, ninguno peligroso por el momento, y la preocupación está poco a poco sustituyendo a la emoción y curiosidad con la que empezó el viaje. Por desgracia no puedo expresarme con palabras, hacer de psicólogo o confidente, solo puedo enviarle emociones de ánimo, preocupación, y desagrado por la situación… tratando de guiarle con simples gestos hacia la decisión correcta para su bienestar.

Lo que no esperaba es que aquella vez, que tanto me había recordado al día en el que nos conocimos, fuera a ser la última. Mi maestro lo había decidido, estaba decidido. Con timidez e inseguridad, cierto, y él lo aceptaba. La noche tras obtener la recompensa por esta aventura dejó una nota a sus compañeros y nos marchamos bajo la luz de la luna. Sabía perfectamente que, si tenía una confrontación directa con ellos, sus dudas le harían quedarse.

Hice todo lo posible para hacerle comprender que tenia todo mi apoyo y estaba feliz por su decisión, aunque nunca ha llegado a confirmarme si mis simples intentos de comunicarme realmente tienen el fin deseado. Era indiferente, porque mi amo había tomado acción para alejarse del dañino ambiente del aventurero ambulante, agarrando en sus manos el mapa del país y una carta que tiempo atrás le había mandado el maestro Cohen, hablándole de un posible puesto en la universidad mágica.

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