DOS VECES QUE LA LIÉ LIGANDO Y UNA EN LA QUE TODO SALIÓ BIEN (MÁS O MENOS)

La primera vez vino sin avisar. Mi herrero duk’zarist llegó al extraño y misterioso pueblo de Oirot, donde todos los habitantes eran sospechosamente amables. Tan amables eran que la primera noche llegó la panadera a hacerle ojitos a Bras, mi herrero. Y como el pobre era más inocente y más tonto que echar alpiste a los aviones pues se dijo: “y, ¿por qué no?”. Así que se la subió a casa para pasar una noche loca. Tan loca fue que acabó con un pueblo destruido unas semanas más tarde. Pero no nos adelantemos.

Al día siguiente, la panadera trataba a Bras como si estuvieran casados. Era suyo, para ella sola. Eran novios, muy novios y mucho novios. Y a Bras eso como que le echó un poco para atrás porque “lady, we just met”. Por cosas de la narrativa, nuestros héroes resolvieron la trama de Oirot y se dirigieron al siguiente pueblo -Tres Cruces-, no sin antes dejarle claro a la panadera que sintiéndolo mucho, se tenía que largar y que esperaba que encontrase el amor en otra persona.

Nope.

Nope, nope, nope.

Semanas más tarde, Bras tuvo que enfrentarse prácticamente solo a un demonio de la hostia ya que sus compañeros de viaje había caído en combate o estaban atendiendo a los caídos. Y adivinad quién era el demonio. ¡Exacto! Un demonio normal y corriente.

Que había hecho un trato con la panadera.

Él sería libre en el reino mortal y ella conseguiría su venganza contra una honesta y sincera disculpa y deseos de un futuro mejor, I guess?

Bras mató a ambos. Muy a su pesar. Bueno, no tanto. La panadera estaba un poco de la olla.

La segunda vez ocurrió paralelamente a la primera vez. De nuevo Bras, porque por qué parar en un berenjenal cuando puedes meterte en otro más. Después de sus aventuras por Oirot, Bras empezó a sentirse atraído por Nix, su compañera D’anjayni, una ejecutora muy intimidante de la que nadie lograba acordarse. Pero Bras estaba pillado hasta las trancas de ella. Y todo fue bien, más o menos, durante un tiempo.

Claro que no podía permanecer tranquilo, sino no sería una partida de Anima. En un dramático giro de los acontecimientos, mi herrero descubrió que su padre en realidad era un demonio. Un demonio bastante tocapelotas que hizo que Nix se quedara preñada a pesar del sin fin de remedios y barreras que ponía la pareja para evitar precisamente eso. A continuación ofreció un trato a su hijo, tenía nueve meses para demostrar su valía o si no moriría. Lo del bebé fue un extra.

Así que el plan de vida de Bras era el siguiente, realizar unas pruebas a lo Heracles para que su padre no le matara mientras Nix le mataba con la mirada porque en fin, embarazo no deseado. Los enamorados rompieron y en cuando el bebé nació, no volvieron a verse. Por cierto, Nix no parió al bebé. Esto fue posible gracias a un jíbiri jíbiri de la Señora Muerte que se ofreció a poner el feto en el vientre de otra mujer para que más tarde fuera Bras a explicarle que “no mire, señora, que es que su bebé en realidad es mío. Podemos compartirlo si quiere”.

La única vez que salió bien fue con Shaniqua, una mujer fuerte, independiente y con debilidad por las ratas de biblioteca. Shan era mi astrónoma en el módulo de La Cosa que jugué por primera vez. Era sassy, era salty y no tenía el horno para bollos. Como parte del equipo de investigación también había otras personas, pero ella caló en seguida a Paul, un biólogo torpe, tímido y que, sinceramente, estaba hot AF. Llámalo destino, llámalo sobrevivir a una cosa alienígena que quería matarlos, pero Shaniqua y Paul se hicieron inseparables y cuando por fin pudieron salir de la base antártica, se marcharon juntos a vivir la vida, compartir el PTSD y probablemente explicar a la policía del aeropuerto porqué coño llevaba Paul una mano humana congelada en su equipaje.

Las relaciones interpersonales en los juegos de rol son muy importantes. Ya sea para desarrollar una amistad, una hermandad o un amorío. Es importante hablar con el jugador de dicho personaje para ver si ambos jugadores quieren lo mismo y no incomodar a nadie. Y sobre todo, saber distinguir la ficción de la realidad.

Como en la vida, para que sea creíble hay que tener comunicación e ir paso a paso. Esto no significa que haya que ir a avance por cada diez sesiones como si fuera una película antigua. Lo mismo dos personajes pasan una noche inolvidable y luego deciden dejarlo sólo en amistad. O lo mismo deciden ir poco a poco porque vaya, pensé que íbamos a morir y no quería desaprovechar la oportunidad de decirte lo mucho que significas para mi yadda yadda yadda.

He oído y presenciado en tercerísima persona romances tórridos y preciosos a manos de compañeros y amigos en sus propias campañas. Se puede si se tiene paciencia. Y creedme, que lo poco que he visto, debe ser increíble.

~Blanca

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