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RefleXiones de un master novato (en d&d)

¡Hola! Soy Marcos, y llevo dirigiendo rol desde hace casi ya dos años (La Llamada de Cthulhu 7ª edición y D&D 5ª) y como jugador algo menos (en una campaña de Final Fantasy que dirige un amigo mío). Este es mi primer post en este blog (y en general) sobre algo relacionado con el rol, a pesar de ser un hobby que disfruto enormemente. Es por eso que me he decidido a narrar (más o menos) mi primera experiencia en D&D y las conclusiones que de ella saqué. Es posible que se pueda considerar algo demasiado básico o genérico, pero me parece algo útil tanto como punto de partida si alguien va a empezar a dirigir partidas (de D&D en concreto, pero podría aplicarse a cualquier juego de rol) o como una suerte de “recordatorio” de cosas que pueden funcionarles a otros directores más experimentados (o como cosas que NO hay que hacer, que son igual o más útiles, si cabe).

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¿Qué personaje va conmigo?

En la entrada de esta semana vamos a seguir ahondando en los personajes. La última vez os di varios recursos y pautas -totalmente libres y abiertas a la discusión-, para hacer un personaje más o menos creíble.

Esta vez vamos a pararnos en una pregunta anterior a ¿cómo va a ser mi personaje? Ahora la pregunta es ¿qué espero conseguir de este personaje?

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¡Auxilio, no tengo ideas!

El cuerpo del viejo O’Riley yace en el piso, con el pecho todavía humeante por el balazo que le dieron. Todo debería haber terminado, pero un escalofrío les recorre la espalda. Al darse vuelta, pueden ver a la pequeña Molly todavía con su camisón, que les devuelve una mirada asustada que pronto se vuelve enfurecida. Sus ojos empiezan a cambiar de color y se vuelven más brillantes. Antes de que puedan abrir la boca, ella empieza a hablar y ustedes sienten no su voz, sino mil voces que penetran en sus cabezas a la vez:

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Cómo ser un buen jugador

Una queja común en las comunidades roleras es que se pone mucho foco en la figura del director y poco en la del jugador. No solo hay artículos y videos, sino blogs y canales de YouTube enteros dedicados a las tareas del máster, pero casi nada respecto a lo que le corresponde al jugador.

Da la sensación de que alcanza con sentarse a la mesa con un lápiz y un par de dados (y a veces ni eso) para jugar. Lo cierto es que hay cosas que son aceptables en jugadores novatos pero no en jugadores con varias mesas encima, y cosas que no son aceptables nunca. Hablemos un poco de eso.

1. Lo que debería ser obvio

Respetá a los demás y no seas egoísta. Esperá tu turno para hablar, no menosprecies las ideas de los demás y no los subestimes. Recordá que todos están poniendo de sí mismos (y de su tiempo) para llevar adelante la mesa.

Los que llevamos un tiempo jugando y dirigiendo (y otro tanto en comunidades roleras) sabemos que no es tan evidente. Paradójicamente, son pecados más de veterano que de novato. Acordate que viniste para divertirte y los demás también. En resumen: no seas imbécil.

1.b. No es el momento.

Una cuestión que merece un punto aparte: una mesa de rol no es Tinder. Si hay alguien que te interese en la mesa, no hay ninguna necesidad de seducir a esa persona ni a su personaje durante la partida. Es incómodo para esa persona y para las demás también.

Alguno se estará rasgando las vestiduras con la corrección política. No, no digo que nunca puedas seducir a otro personaje, digo que por favor te fijes que, cuando lo hagan, no estés incomodando al jugador o la jugadora detrás. ¿Cómo saber si estás incomodando? Preguntá.

2. El máster es un ser humano (aunque a veces no parezca)

Más allá de lo que crean algunos, el director de juego no lo sabe todo ni tiene todas las respuestas (ni tiene por qué). No lo sobreexijas ni dejes recaer en él toda la responsabilidad de hacer una partida interesante. Cuando puedas, dale una mano con algo que sepas: llevá la cuenta de las iniciativas, ayudá a los demás cuando no entiendan algo, etc.

Dicho sea de paso, no vendría mal que agarres un manual de vez en cuando. Ya sea para conocer mejor el juego que estás jugando o para llevar una partida a la mesa y poner al director a jugar. Ponerte en ese rol va a ayudarte a empatizar mejor con él.

3. Participá.

Hacé lo posible por darle vida a tu personaje, interpretarlo y darle actividad en la partida. Es más difícil sobrellevar una partida con jugadores pasivos. Además, animate a poner a tu personaje en riesgo a veces: no tiene ningún sentido jugar un personaje sin nada que perder.

Si no entendés algo, preguntá. Preguntá cuanto haga falta, sea sobre reglas, descripciones o cualquier otra cosa. También te conviene anotar en alguna parte de la hoja cuando el máster te da alguna información que parezca importante.

4. Al metajuego lo carga el diablo.

Muchos te van a decir que el metajuego (que tu personaje se comporte como si supiera cosas que sabés vos pero él no) es lo peor del mundo, y algo de eso hay. Evitalo a toda costa… salvo que sepas cómo usarlo bien. ¿Y eso cómo es? Vas a tener que descubrirlo por tu cuenta. Simplemente hay momentos en los que el metajuego viene bien (porque hacen la partida más interesante) y momentos en los que no.

5. Hacete escuchar.

Si algo no te gusta, podés decirlo. Siempre con respeto, incluso podés decir cuando te estás aburriendo, explicar por qué y ayudar a que la partida se vuelva a poner interesante. Creeme que no ayuda en nada que agarres tu teléfono y dejes de prestar atención (de hecho, te pediría que lo dejes en el bolsillo). De nuevo, acordate que están jugando y vinieron a divertirse.